Un shooter que recupera una de las tendencias visuales más marcadas de la era PS3 y Xbox 360… 💪

"Forgive Me Father 2 es un boomer shooter repleto de referencias a otros títulos, que sin proponérselo me ha hecho revivir la estética y sensaciones propias de la era PS3/X360"




¿Has oído hablar de Forgive Me Father? Se trata de un boomer shooter con estética lovecraftiana —terror cósmico y mitología oscura— que utiliza un estilo gráfico cel-shading muy cercano al de Darkest Dungeon. El juego tuvo suficiente éxito como para dar lugar a una secuela, y ambos títulos ofrecen una experiencia sólida. En mi caso, gran parte del disfrute vino de una revelación personal que poco tenía que ver con la trama principal.

La campaña de Forgive Me Father 2 comienza con un único protagonista —a diferencia del original, donde podías escoger entre el cura o la periodista— internado en unas instalaciones que parecen situarse entre una prisión y un hospital psiquiátrico. Al abandonar la celda, lo primero que aparece es un pasillo cargado de una atmósfera densa y opresiva, muy acorde con la estética cartoon para adultos que busca sumergirte de inmediato en la escena.

En mi caso, ese instante me golpeó con una inesperada oleada de nostalgia: un filtro sepia en pleno 2025, aplicado en un juego sin gráficos realistas. Fue una auténtica catarsis. ¿Es un mérito atribuible directamente a Forgive Me Father 2? Lo dudo, probablemente no fue algo planeado, pero el efecto resultó innegablemente poderoso.







El infame filtro sepia tan característico de la era Xbox 360 y PS3:


El llamado “filtro sepia” —o piss filter, como se le apoda en internet— fue una tendencia estética que dominó la generación de Xbox 360 y PlayStation 3. Tonalidades amarillas, grises y marrones impregnaban la mayoría de los títulos pensados para consolas de sobremesa. ¿La razón? Aunque suene poco emocionante, era consecuencia de una industria en proceso de maduración: en épocas anteriores se buscaba atraer a un público joven con paletas de colores vivos y llamativos.

Con la séptima generación, el objetivo pasó a ser el público adulto, con escenarios bélicos, sombríos y más realistas. El contraste sepia se ajustaba perfectamente a esa visión y terminó extendiéndose de manera masiva. La cantidad de juegos que adoptaron esta estética fue prácticamente interminable:


  • Resistance
  • The Legend of Zelda: Twilight Princess
  • Borderlands
  • Battlefield: Bad Company 2
  • Gears of War
  • Resident Evil 5
  • Grand Theft Auto 4
  • Fallout: New Vegas
  • BioShock

Y la lista seguía sin fin. Ningún juego se libraba, ni siquiera en sus carátulas:






No quiero que se malinterprete: me refiero al filtro sepia con cierta ironía, aunque en realidad le guardo algo de afecto. Lo curioso es que, con la llegada de la octava generación, esa moda desapareció por completo. Las consolas empezaron a manejar mejor las paletas de colores, el HDR se convirtió en estándar en los televisores y el marketing se volcó hacia los juegos free-to-play pensados para adolescentes sin tarjeta de crédito, pero dispuestos a gastar en skins o pases cuando podían.

El cambio de rumbo en el mercado ha sido tan radical que casi había olvidado la existencia del filtro sepia, aquel recurso que en su día dominó la escena como si fuera un dinosaurio. En Forgive Me Father 2 quizá haya sido pura coincidencia, pero el simple hecho de transportarme unos instantes a esa época de hace quince o veinte años —y lo rápido que pasa el tiempo— le ha asegurado un pequeño lugar en mi memoria con cierto cariño.






El juego, en líneas generales, está bastante logrado. No lo colocaría entre los referentes absolutos del género, porque no alcanza ese nivel, pero sí destaca por una identidad visual muy marcada y por el excelente diseño de sus enemigos. Hay criaturas que llegan a arrancarse la cabeza para esquivar un disparo directo, o que continúan avanzando tras recoger otra al azar. Además, la mecánica de la lámpara está bien integrada en la jugabilidad, tanto en la primera entrega como en la secuela.

También me han parecido muy acertados sus guiños, los claramente intencionales: en las paredes puedes encontrar frases como “Blood is Fuel” y similares, reflejo del cariño que existe en este género hacia otros juegos. Eso siempre resulta positivo. Ahora bien, conviene recordar que Forgive Me Father y su secuela no son idénticos; la segunda entrega introduce cambios en la jugabilidad que no han convencido del todo a los seguidores del original, aunque compensa con mejoras evidentes en la interfaz y en la complejidad de los escenarios.