Cambio de bando en la guerra tecnológica: China toma el control del chip estrella de Nvidia 😕

El gigante asiático ha establecido restricciones al uso del procesador más avanzado de Nvidia, lo que supone un giro estratégico en la tensión tecnológica entre China y Estados Unidos.







Las autoridades chinas han decidido restringir la adquisición del H200, el procesador de vanguardia de Nvidia diseñado para el entrenamiento de inteligencia artificial. Aunque Pekín ya mantenía una estrategia para reducir la dependencia de la tecnología estadounidense, la medida ha ganado trascendencia debido a un nuevo matiz regulatorio: su uso queda limitado estrictamente a ámbitos específicos, como la investigación académica y proyectos universitarios.

Hasta el momento, las directrices del Ejecutivo chino se han descrito como "intencionadamente ambiguas", puesto que se restringen a solicitar que la adquisición de estos componentes se realice únicamente "cuando sea imprescindible", sin definir los criterios que determinan dicha necesidad. Esta falta de claridad se suma a la reciente instrucción de Pekín, emitida hace apenas unos días, en la que instaba a las grandes firmas tecnológicas a suspender sus pedidos del modelo H200. El objetivo de este movimiento es fomentar el consumo de alternativas de fabricación local, dejando en el aire la interpretación final de las nuevas normativas.



¿Cómo respondió EE.UU?


Por otro lado, la administración estadounidense ha manifestado su voluntad de flexibilizar las normativas de exportación del modelo H200 hacia el mercado chino, lo que sugiere una posible intensificación de los suministros. Este cambio de escenario supone un alivio para Nvidia, que anteriormente se había visto obligada a endurecer sus políticas comerciales ante la inestabilidad regulatoria en China, evitando así los riesgos financieros derivados de un bloqueo repentino en las aduanas.

La estrategia de Washington se centra ahora en asegurar los ingresos mediante pagos anticipados, bajo contratos que no admiten modificaciones ni devoluciones. No obstante, circulan informaciones sobre posibles mecanismos de protección, como seguros comerciales o coberturas ante imprevistos, para dar viabilidad a las operaciones. En respuesta a estas filtraciones, Nvidia ha aclarado que no impone el pago por adelantado de productos aún no distribuidos, aunque sí ha confirmado el uso de depósitos bancarios dentro de China como garantía.

A pesar de que cada unidad alcanza un valor aproximado de 23.000 euros, la demanda no ha dejado de escalar, acumulándose ya pedidos que superan los dos millones de procesadores. Esta situación ha generado un panorama inusual en el sector: existe una necesidad urgente por comprar y una disposición total por vender por parte de Nvidia, mientras que los organismos reguladores chinos fiscalizan cada entrega con el rigor y la cautela propios de una transacción de material estratégico sensible.

En este contexto, el punto central de la historia no es el hardware en sí, sino el papel del procesador como un indicador preciso de la tensión geopolítica entre las dos potencias. Actualmente, tanto Washington como Pekín buscan capitalizar la dependencia mutua, pero bajo condiciones estrictamente favorables a sus propios intereses nacionales para maximizar sus beneficios estratégicos. Por consiguiente, el próximo periodo será crucial para definir la trayectoria y el destino final de la tecnología H200 de Nvidia dentro del ecosistema chino.